Abinader habla claro: la crisis global golpea, pero el país no se detiene
Abinader habla claro: la crisis global golpea, pero el país no se detiene
República Dominicana
El presidente advierte sobre el impacto de la guerra en Medio Oriente y plantea ajustes “inevitables”, mientras el Gobierno intenta amortiguar el golpe sin perder el control económico
La guerra en Irán no es un problema lejano, y el presidente Luis Abinader lo dejó claro: lo que pasa en Medio Oriente ya está tocando el bolsillo de los dominicanos. Con el petróleo disparado y el estrecho de Ormuz en tensión —por donde pasa cerca del 20 % del crudo mundial— el mercado energético está bajo presión y eso se traduce en aumentos que ningún país importador, como República Dominicana, puede esquivar.
Aquí no hay rodeos. El país importa todo el combustible que consume, y cada alza internacional se siente en transporte, electricidad y comida. La diferencia, según el Gobierno, es que esta vez se llega con una economía más fuerte y con experiencia reciente enfrentando crisis globales. Pero eso no elimina el problema: solo cambia la forma de enfrentarlo.
Ante ese escenario, Abinader puso sobre la mesa tres prioridades. Primero, mantener la estabilidad económica sin disparar el gasto, reasignando cerca de 10,000 millones de pesos para proteger a los más vulnerables. Segundo, evitar que el golpe internacional encarezca la comida, con subsidios a fertilizantes por 1,000 millones de pesos. Y tercero, sostener la inversión pública para que el crecimiento no se frene en seco.
Pero hay una verdad que el propio presidente no escondió: habrá sacrificios. Ajustes en combustibles, presión en tarifas y efectos que se sentirán en la vida diaria. El Gobierno intenta amortiguar el impacto —manteniendo el GLP congelado y aplicando aumentos graduales—, pero también reconoce que no puede cargar con todo el peso sin poner en riesgo las finanzas públicas.
El mensaje político fue directo: el Estado asumirá la mayor parte del golpe, pero la sociedad también tendrá que ajustarse. Para Abinader, el mayor error sería posponer decisiones y dejar que el problema crezca. La apuesta es clara: resistir el impacto ahora para no pagar un costo mayor después, confiando en que la economía dominicana tiene suficiente resiliencia para salir fortalecida.